La política hipócrita del antideporte

Con estas fotos que hice hace ya mucho tiempo una vez que estuvimos jugando al frisbee y tranquilamente divirtiéndonos haciendo deporte cerca del Pico de la Miel empiezo un pequeño post para protestar contra algo que últimamente me viene cabreando bastante.

El domingo pasado fui con unos amigos a echar un partido de padel a unas pistas deportivas municipales. Resulta que la chica de la taquilla se había ido a casa por enfermedad y no podíamos pagar, por lo que no podíamos alquilar y por lo tanto jugar, así que la única persona que había por allí nos dijo que lo sentía mucho pero no podía hacer nada. Esta no es la primera vez que intento hacer deporte en un centro municipal y me ponen las cosas difíciles, igual de difíciles que para apuntar cada año a nuestro equipo de fútbol a la liga también municipal, donde tenemos que empezar la cola el día antes a la 1 o 2 de la madrugada para tener plaza.

La cuestión es que no puede ser que los centros municipales, que tanto tendrían que promover el deporte, nos pongan las cosas tan difíciles. Y yo ya tengo una edad y puedo hacer ciertos sacrificios o encontrar ciertos trucos pero, ¿qué pasa con todos los chavales que quieren hacer un equipo de fútbol? ¿Qué pasa cuando se encuentran con que cada año hay menos grupos porque las pistas municipales alquilan sus campos a privados para que organicen sus ligas?

Nos encontramos la televisión, la radio, los periódicos y las marquesinas del metro hasta arriba de anuncios para que la gente no se drogue, para que se enganche a la vida y para que haga deporte, pero cuando nos acercamos a un centro municipal las cosas son bien diferentes.

De verdad me parece vergonzoso que cada año sea más difícil para todos practicar un deporte, y es que no están poniendo las cosas nada fáciles. Aquí tenemos otro bien para la comunidad que ha sido convertido en un negocio. Penoso.